miércoles, 31 de agosto de 2011

Técnicas de control consumista Neuromarketing: Cuidado, tu cerebro está siendo espiado


Las técnicas científicas de exploración de cerebros, con su capacidad de medir y estudiar la reacción conductal frente a determinados mensajes, son una herramienta que utilizan las grandes empresas concentradoras del mercado para imponer y vender sus productos a escala masiva.  Pero así así como estas técnicas permiten potenciar el consumismo de productos, también (aplicadas en otras áreas) sirven para potenciar a escala masiva candidatos electorales, proyectos políticos, reglas de conductas y normas sociales impuestas por el sistema sobre la base del deseo de aceptación o el temor al rechazo.

 En su definición más clásica, el neuromarketing consiste en la "aplicación de técnicas pertenecientes a las neurociencias, en el ámbito de la mercadotecnia", estudiando y experimentado los efectos interactivos que la comunicación produce en el cerebro humano con el objetivo de predecir y/o condicionar la conducta del consumidor.

También se denomina neuromarketing al estudio de los efectos que produce la publicidad en el cerebro, y en qué medida ésta afecta la conducta de los posibles consumidores masivos de productos.

Se trata, de un tipo especializado de investigación de mercados adoptado por las grandes corporaciones trasnacionales, que utiliza mediciones biométricas (actividad cerebral, ritmo cardíaco, respuesta galvánica de la piel...) de los sujetos estudiados para obtener conclusiones, y sobre la base de esas comprobaciones planificar campañas publicitarias para imponer consumo de productos a escala masiva.

El principal instrumento que se utiliza en el campo de experimentación en esta disciplina son las Imágenes por Resonancia Magnética Funcional (FMRI, por sus siglas en inglés).

Valiéndose de estas imágenes, que cada día ganan en resolución y precisión, los científicos pudieron establecer principios de acción-reacción que experimenta el público frente a un hecho comunicacional que las grandes agencias, concentradoras de la mayoría de la torta del mercado publicitario, comenzaron a utilizar en sus campañas para imponer masivamente marcas y productos.

En primer lugar, las investigaciones revelaron que la decisión de comprar o no un producto determinado no es racional, sino que deriva de fuerzas inconscientes.

De acuerdo con un conjunto de especialistas, la resonancia magnética funcional (FMRI) da una indicación más clara de lo que sucede en la mente del consumidor y qué reacciones pueden producir ciertos mensajes, a partir de su activación en determinadas áreas del cerebro.

Según la directora del Grupo Omnicom, en Stuttgart, el neuromarketing es una herramienta que "planifica las campañas de publicidad basándose en los principios de organización mental de los seres humanos".
"Cada objetivo de comunicación provoca la activación de determinadas zonas del cerebro", señala.

Los resultados de los tests de activación se introducen en un software de planificación, al que han llamado "etna", en el que son sistematizados en función de los distintos objetivos de comunicación.

Las grandes agencias que utilizan estas técnicas tienen identificados varios modelos de comunicación que se relacionan con determinadas zonas del cerebro humano. A la hora de planificar las campañas en medios hay que cuidar que para cada objetivo comunicativo se estimule la parte adecuada del cerebro, señalan los expertos.

Por medio de escáneres cerebrales (los experimentos que nutren las conclusiones) las megas empresas intentan determinar qué parte del cerebro se activa frente a qué publicidad y mediante qué mensajes se activa la decisión de compra frente a determinado producto.

En este tipo de investigación de mercado, que se realiza en el nivel neurológico, los participantes deben colocarse una gorra provista de sensores que registran la actividad cerebral, al tiempo que la persona observa publicidades de diferentes productos.

El estudio intenta medir la respuesta emocional, la atención y la memoria del participante.

La electroencefalografía (EEG) –una exploración neurofisiológica que no es dolorosa y se basa en el registro de la actividad cerebral- les permite a los investigadores observar los impulsos eléctricos en la corteza cerebral.

La EEG ha sido utilizada durante aproximadamente 90 años y se emplea frecuentemente en el diagnóstico de la epilepsia.

En las últimas dos décadas, esta tecnología avanzó notoriamente. La actividad cerebral solía ser registrada utilizando bolígrafos sobre una faja de papel en movimiento, pero ahora puede ser digitalizada e instantáneamente representada en gráficos.

Los críticos y detractores de estas técnicas, afirman que están orientadas a generar y controlar necesidades de consumo a escala masiva, creando, por medio de efectos subliminales, dependencia emocional a productos ofertados por las empresas concentradoras del mercado.

Según el diario Le Monde, las técnicas del neuromarketing son la última versión de la venta de productos por la percepción subliminal, que "impregna un cerebro de publicidad sin que la persona pueda darse cuenta".

Pero las técnicas de exploración y de escaneo de cerebros, con su capacidad de medir la reacción conductal frente a determinados mensajes, con sus sistemas de detección de temores y deseos inconscientes, es una herramienta que trasciende el mercado publicitario.

La extensión del uso

Los experimentos utilizados en la experimentación de las Imágenes por Resonancia Magnética Funcional, también son aplicados en el campo de la información orientada al control de la conducta social con fines políticos.

Pero hay que aclarar que estas técnicas de exploración y manipulación mental (orientadas a promover el consumo) no inventan contenidos sino que simplemente detectan y potencian tendencias consumistas que el individuo tiene incorporadas como esquema referencial de su existencia en sociedad.

Las técnicas exploratorias indagan en las reacciones emocionales, en los miedos y deseos, que los individuos tienen registrados en sus contenidos mentales y psicológicos, de un sistema social (el capitalismo) que hace del consumo de productos la principal vía de aceptación y realización social.

Pero así como estas técnicas permiten potenciar el consumismo de productos, también (aplicadas en otras áreas) sirven para potenciar a escala masiva candidatos electorales, proyectos políticos, reglas de conductas y normas sociales impuestas por el sistema sobre la base del deseo de aceptación o el temor al rechazo.

Después de los atentados en Londres las cadenas televisivas y los grandes diarios titulaban en molde "catástrofe": "Los ataques terroristas en Londres desatan el temor mundial", o el "El terrorismo amenaza al mundo", rezaban algunos de esos titulares.

Los titulares iban acompañados de imágenes catastróficas, con caos y terror reflejados en los rostros de los que lograron escapar de los atentados en el metro de Londres.

Esas imágenes y titulares fueron  repetidos hasta el infinito durante las primeras veinticuatro horas, con las grandes cadenas trasmitiendo en vivo, mientras los conductores y analistas recreaban sin cesar las consignas de "miedo al terrorismo".

Distintos experimentos con técnicas de exploración cerebral en EEUU, demostraron que la recreación en imágenes, titulares y sonidos de los actos terroristas producía reacciones de miedo y rechazo paralizante en el cerebro de los participantes.

Sobre la base de estos experimentos, se elaboraron luego la estrategia y las consignas de la "guerra contraterrorista" impuesta a escala masiva como un recurso aceptado y masivo para terminar con la "amenaza terrorista".

O sea que, sobre la base de la detección del "miedo", se elaboró luego el producto "deseado", la "guerra contraterrorista" vendida masivamente como la "solución".

Ataques terroristas en la Argentina 1992 y 1994: no fueron de origen islámico.

Los atentados con explosivos de Buenos Aires en 1992 y 1994 contra los intereses de la comunidad israelí en Argentina que ocasionaron numerosas víctimas fueron para la prensa comercial, para Israel y Argentina de autoría islámica. Hoy gracias a los trabajos de muchos investigadores independientes como aquella del Dr. Oscar Abudara Bini o las conclusiones de Thierry Meyssan, hoy sabemos que se trata de una gran manipulación. Nuestro colega argentino Adrian Salbuchi nos aporta la última prueba, donde la víctima se convierte primero en sospechoso y finalmente en acusado.

Adrian Salbuchi ha sido entrevistado por el Dr. James H. Fetzer, fundador de Scholars for 9/11 Truth y conductor del programa radial estadounidense "The Real Deal". El Dr. Fetzer dio el pasado 11 de septiembre de 2009 una magistral conferencia en la Biblioteca Nacional de Argentina. Es la segunda vez que el investigador norteamericano visita Buenos Aires para participar a un evento conmemorativo con los trágicos sucesos del 11 de septiembre del 2001.

Predio en el que se hallaba la anterior Embajada de Israel, en la esquina de las calles Arroyo y Suipacha en pleno Buenos Aires, Argentina.
La entrevista:
James Fetzer: Mi invitado especial de hoy es Adrian Salbuchi de la Argentina, conductor del programa radial de Buenos Aires «Bienvenidos a la Jungla», y fundador del Movimiento por la Segunda República Argentina. Es autor de varios libros sobre geopolítica que incluyen «El Cerebro del Mundo: la Cara Oculta de la Globalización» y «Bienvenidos a la Jungla: Dominio y Supervivencia en el Nuevo Orden Mundial»”. Hoy vamos a hablar sobre los supuestos atentados terroristas en Buenos Aires en 1992 y 1994. Bienvenido, Adrian, a «The Real Deal».
Adrian Salbuchi: Muchas gracias, Jim. Buenas noches a todos y gracias por invitarme a su programa.
James Fetzer: Para orientar a nuestros oyentes, ¿porqué no empieza por darnos una breve reseña de los dos ataques mortales que tuvieron lugar en el centro de la ciudad de Buenos Aires, uno en la embajada de Israel en 1992, y el otro en la sede de la mutual judía AMIA, en 1994?
Adrian Salbuchi: Aquellos fueron dos de los peores ataques terroristas con bombas que sufriera la República Argentina, y tuvieron como blanco dos edificios puntuales ubicados en el centro de Buenos Aires. El primero tuvo lugar en marzo 1992 y demolió completamente la sede de la Embajada de Israel, matando a 29 personas. El segundo atentado hizo colapsar de manera similar a la sede de la AMIA en julio de 1994, dejando 86 muertos.
Ambos atentados tomaron a nuestro país por sorpresa, ya que los argentinos no experimentábamos ataques tan terribles, desde los tiempos en que nuestro país fuera blanco de los movimientos guerrilleros internacionales en los años setenta. Los argentinos somos un verdadero crisol de razas que ha logrado reunir a inmigrantes y grupos étnicos de los más diversos orígenes, que hoy conviven pacíficamente y casi sin conflicto alguno.
Ambos ataques tuvieron lugar bajo la administración del ex-presidente Carlos Menem, quien estaba estrechamente alineado con las políticas globales de los EEUU (en aquél momento, George HW Bush, padre, era presidente de EEUU) y, por extensión, con las políticas del Estado de Israel y las organizaciones sionistas globales.

Notablemente, en ambos casos, el gobierno y los medios de difusión inmediatamente echaron las culpas de manera vehemente sobre supuestos «Grupos Terroristas del Fundamentalismo Islámico» que se suponía utilizaron coches bomba para volar ambos edificios.
A medida que pasaron los años, sin embargo, las supuestas conexiones con algún «Grupo Terrorista Islámico» se hicieron cada vez más endebles y ambiguas. Hoy, estos dos casos se han transformado en paradigmas de la interferencia sistemática por parte de un amplio abanico de grupos de presión que operan sobre nuestro gobierno, la Justicia y, a través de los medios, sobre la opinión publica.
Notablemente, tales presiones – extremas en ciertos momentos – fueron ejercidas por organizaciones sionistas locales y extranjeras, por los medios de difusión locales e internacionales, por algunas ONG, por ciertos individuos «notables y eminentes», cuyas opiniones han tenido gran peso, y – por último, pero no por ello menos importante –, por las embajadas de ciertas potencias extranjeras, notablemente las de Estados Unidos y el Estado de Israel.
James Fetzer: ¿Cuáles son las diferencias entre la explosión de la Embajada y la de la AMIA, si es que no fueron idénticas?
Adrian Salbuchi: Bueno, sobre el primer caso relacionado con la Embajada de Israel, la información va siendo acallada paulatinamente de las noticias, y ello por «razones comprensibles», al menos, desde el punto de vista sionista. Para empezar, dado que el objetivo fue la embajada de una potencia extranjera, es comprensible que Israel ejerciera fuerte influencia sobre las acciones que se tomaron al respecto y la difusión de toda información.
Sin embargo, la pretensión de que el atentado fuera causado por un coche bomba se desvaneció cuando el Fiscal de Estado y el Juzgado en el caso, invitó a inspectores técnicos especializados de la Academia Nacional de Ingeniería de Argentina, para determinar cuáles fueron las causas que hicieron que el edificio de la Embajada colapsara.
La conclusión fue que la explosión tuvo lugar en el interior del edificio, y que no fue causada por ningún supuesto coche bomba. Para colmo de males para los grupos de presión sionista, un transeúnte pudo filmar desde varias cuadras de distancia la nube en forma de hongo que se elevó del lugar de la explosión, lo que los expertos consideran conforma otro efecto característico que apunta a una explosión interna.

Ataque con bombas en la embajada de Israel en Buenos Aires en 1992.

El edificio de la embajada se encontraba en una zona muy densamente poblada de la Ciudad de Buenos Aires y, aunque la onda expansiva rompió las ventanas y el yeso de prácticamente todos los edificios alrededor de la Embajada – incluso volando un vitreau de una iglesia ubicada enfrente que lamentablemente cayó sobre un sacerdote ocasionándole la muerte - el único edificio cuya estructura se vio afectada catastróficamente fue el de la propia Embajada.
Está claro entonces que, o bien hubo un coche bomba que propagó una onda expansiva caprichosamente selectiva o sino, efectivamente, la explosión tuvo lugar en el interior del edificio y no hubo ningún coche bomba.
Hay muchos otros indicios que apuntan a esta conclusión. Probablemente, esta sea la razón por la que el caso de la Embajada se mencione cada vez menos en los medios de comunicación, especialmente después de que surgieron fuertes rumores que indicaban que lo que realmente explotó fue un arsenal que al parecer los israelíes almacenaban en el sótano del edificio.
En el momento de la explosión, un grupo de funcionarios del gobierno laborista israelí se reunían en la sede para discutir asuntos relacionados con el recientemente iniciado proceso de paz de la Conferencia de Madrid, pero «afortunadamente» abandonaron el edificio minutos antes de la explosión. Lo mismo ocurrió con el Embajador quién, casualmente, también se retiró de las instalaciones minutos antes de la explosión...
Una situación muy diferente, sin embargo, fue surgiendo en torno a las circunstancias que rodearon al segundo y más mortal ataque contra el edificio de la AMIA, que hasta el día de hoy ha recibido una cobertura de altísimo perfil en los medios de comunicación locales, e incluso entre algunos medios internacionales.

En contraste con la Embajada, este edificio albergaba una organización privada argentina - la AMIA - y su organización política hermana, la DAIA.
Las personas fallecidas eran todos ciudadanos argentinos, y la tragedia ocurrió íntegramente bajo jurisdicción argentina. Sin embargo, en el mismo día en que ocurrió la explosión, el presidente Carlos Menem solicitó oficialmente la ayuda del FBI y de la CIA de los Estados Unidos, y del servicio de inteligencia Mossad y de las fuerzas armadas del Estado de Israel.

Edificio de la AMIA tras el ataque de 1994.
En el caos que se produjo ese día en el lugar de la explosión los ánimos se ponían muy caldeados con la policía local cuando agentes de inteligencia del ejército israelí plantaron una bandera israelí entre los escombros. Casi inmediatamente, esos mismos israelíes tuvieron la prodigiosa «suerte» de hallar una pieza del supuesto coche bomba – una camioneta Renault «Trafic» blanca. «Afortunadamente», se trataba de un pedazo del block del motor en el que figuraba el número de serie del fabricante del vehículo.
Este fue un «golpe de suerte» que nos recuerda de otros «golpes de suerte» igualmente improbables, como el hallazgo por el FBI del pasaporte intacto de un supuesto terrorista suicida entre los escombros del World Trade Center, justo después del 11 de septiembre de 2001!
Desde el principio, el caso de la AMIA ha estado plagado de fraude, mentiras, contradicciones flagrantes; y de delito y corrupción en los máximos sitiales del poder en la Argentina. A lo largo de más de quince años, el caso AMIA ha pasado por siete tribunales federales. Se creó el TOF – Tribunal Oral Federal - dentro del propio Poder Judicial, para reunir cientos de miles de páginas de declaraciones, pruebas, informes, investigaciones, estudios, acusaciones y contraacusaciones que se han acumulado hasta el día de hoy . Durante varios años, el caso estuvo en el Juzgado Federal entonces presidido por el juez Juan Galeano, un funcionario débil (sino tonto) que permitió que las organizaciones sionistas locales -la propia AMIA y la DAIA– lo presionaran para que autorizara se le pague un soborno por 400.000 dólares al revendedor de autos usados, en ese momento preso, Carlos Telleldín, quien habría vendido el presunto coche bomba a supuestos agentes de la organización Hezboláh.
Esa coima se la darían a Telleldín para que acusara a tres oficiales de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, con el fin de que aparecieran como una «conexión local» que conduciría primero a Siria, a continuación a Hezboláh, y por último a Irán…
Esos 400.000 dólares para pagar el soborno fueron proporcionados por el entonces presidente de la DAIA, Rubén Beraja, a través de su (hoy quebrado) Banco Mayo. Beraja luego pasaría varios años en la cárcel a causa de la quiebra fraudulenta del Banco Mayo. Para comprender mejor la trama de cómo operan estas redes de poder global, quisiera señalar que un tiempo antes, en 1996 cuando el ex-gobernador del Banco de la Reserva Federal de EEUU Paul Volcker fue nombrado para crear y presidir una así-llamada «Comisión de Personas Eminentes» para «investigar» las cuentas inactivas de judíos en los principales bancos suizos – operativo que logrò extraer de aquellos bancos más de 1.250 millones de dólares para las organizaciones sionistas pro-Israel-, Volker eligió entre esas «personas eminentes» para integrar su Comisión, a este oscuro personaje que es Rubén Beraja.
La corrupción, y los turbios tejes y manejes llegaron al colmo bajo el actual co-gobierno del Matrimonio Kirchner – Néstor y Cristina -, que un par de años atrás decidió desechar todo lo realizado en la Causa AMIA y volver a empezar desde foja cero. Pronto descubriríamos, sin embargo, que ello significó darle un cheque en blanco a la CIA estadounidense y al Mossad israelí para fabricar acusaciones falsas contra Irán, por cuánto ello se alinea a la perfección con las políticas de ataque de ambos países contra Irán. Esta es la situación en la que nos encontramos hoy.
James Fetzer: Usted nos indica que las versiones oficiales mantienen que ambos ataques fueron realizados con coches-bomba. Sin embargo, mi impresión es que las explosiones fueron lo contrario – o sea, que ambas tuvieron lugar desde dentro de los edificios. ¿Es eso correcto?
Adrian Salbuchi: Eso es lo que dicen los expertos técnicos. Y, si aplicamos un poco de sentido común, todos sabemos que cada vez que se produce algún ataque real con coche-bomba, siempre se encuentran los restos de buena parte del vehículo utilizado por los terroristas entre los escombros en el lugar de los hechos. En estos dos ataques, sin embargo, no se halló ningún resto de los supuestos coches-bomba, a excepción de pruebas falsas obviamente plantadas por agentes israelíes, que mencioné anteriormente.

En el caso de la AMIA, el Tribunal reclutó a un perito de la Gendarmería Nacional argentina para que diera una «opinión oficial» sobre el supuesto coche-bomba – la ya famosa camioneta Renault «Trafic» blanca.
Dicho perito, el comandante Osvaldo Laborda, dijo oficialmente que no se hallaron los restos de dicho coche-bomba debido a que «la explosión enterró sus restos debajo la entrada del ex edificio de la AMIA», si usted puede creer semejante cosa...
Ahora, yo soy estrecho colaborador del abogado Dr. Juan Gabriel Labaké, quién representa a dos ciudadanos argentinos de origen sirio que han sido falsamente acusados de participar en el tema de la Trafic blanca. (Digo «falsa acusación» porque luego de 15 años, no se ha interpuesto ni una pizca de evidencia contra ellos). Dado que el caso contra sus clientes y las acusaciones formales contra Irán dependen del hallazgo del supuesto coche bomba, el Dr. Labaké recientemente solicitó al Fiscal del Estado Alberto Nisman que ordene excavar hasta cuatro metros debajo la entrada del ex edificio de la AMIA a fin de determinar, de una vez por todas, si los restos del vehículo existen realmente.
El Fiscal Nisman se negó terminantemente a hacerlo, lo que no sorprende si se tiene en cuenta que Nisman recorre el mundo difundiendo una versión apasionadamente pro-Israel con un mensaje claramente anti-musulmán respecto del ataque a la AMIA.

A fines de 2007, por ejemplo, el Sr. Nisman fue un invitado especial a la Reunión Anual del Congreso Judío Norteamericano. En marzo de 2009, hizo una exposición sobre el Caso AMIA en la Biblioteca del Holocausto de Nueva York.
A fines del 2008, Nisman presentó personalmente un amplio informe sobre el estado del Caso AMIA ante la Corte Suprema de Justicia – pero no de la Argentina, como sería de esperar, sino del Estado de Israel en Tel Aviv.
Claramente, el señor Nisman opera como Fiscal Especial, ya no en nombre de la Argentina sino del Estado de Israel!
James Fetzer: Posteriormente al ataque a la Embajada, usted mencionó que una sociedad profesional de ingeniería realizó una investigación, determinando que la explosión se produjo desde adentro de los edificios. ¿Es correcto?
Adrian Salbuchi: Sí, la Academia Nacional de Ingenieros de la Argentina llegó a esta conclusión y, cuando el entonces juez de la Corte Suprema Dr. Adolfo Vázquez, muy razonablemente aceptó ese peritaje, fue reprendido públicamente, e incluso insultado por Ram Aviram, entonces embajador de Israel en la Argentina.
James Fetzer: Adrian, usted también mencionó que el Mossad participó en reunir información sobre uno o ambos de estos ataques. Para mi eso resulta simplemente increíble. ¿Cómo fue que ocurrió?
Adrian Salbuchi: Bueno, el verdadero culpable fue el ex presidente Carlos Menem quién cedió ante las presiones de Israel, las organizaciones sionistas, y de EE.UU., haciendo «un llamamiento a los EE.UU. e Israel» para que ayudaran con la investigación, lo que ambas naciones gustosamente aceptaron.
James Fetzer: Usted explicó que el Mossad incluso produjo una parte del vehículo que casualmente incluía el número de serie identificatorio del vehículo?
Adrian Salbuchi: Sí, a pesar de lo improbable que ello suena. Esta «prueba» fue finalmente rechazada por el Tribunal, cuando se tornó tan obviamente evidente que había sido plantada en la escena del crimen. Luego, se presentaron varias piezas más del supuesto coche bomba, que al ser enviadas a la planta automotriz Renault para su verificación, resultaron pertenecer a dos vehículos diferentes, uno de los cuales al parecer no tenía instalada la bomba de nafta, por lo que difícilmente hubiera podido trasladarse a ninguna parte…
James Fetzer: ¡Qué vergüenza! ¿Cómo manejaron esto los tribunales? ¿O es que hasta los tribunales se estaban subordinados a la interferencia de los EEUU e Israel?
Adrian Salbuchi: Efectivamente, fue muy vergonzoso. Los tribunales se alinearon pasivamente ante la interferencia de Israel y EE.UU. Los medios de comunicación generaron grandes operativos de prensa en torno a este caso. Las organizaciones sionistas organizaron una manifestación pública tras otra, para rasgarse las vestiduras pidiendo «justicia» y «memoria», como si fuera posible en la Argentina olvidar estos dos ataques…!
Incluso, acusaron a la justicia argentina de ser «inoperante, ineficiente y lenta» cuando no actuaba en consonancia inmediata e irrestricta según las exigencias de los objetivos e intereses sionistas, es decir, cuando se resistía a aceptar todas las falsificaciones y mentiras impuestas.
El mejor ejemplo de lo que digo es lo ya referido acerca del juez pro-sionista Galeano. ¿Se imagina usted a un juez federal que autoriza que se le pague un soborno a un delincuente procesado y encarcelado, para que como contrapartida haga una acusación falsa contra la policía local, para así poder falsificar las pistas del caso? Para colmo, el dinero para esa coima fue proporcionado por el hoy también procesado presidente de la DAIA, organización hermana de la AMIA!
James Fetzer: En la Argentina, muchos ciudadanos creen que el caso de la AMIA está inmerso en actos de corrupción, irregularidades de todo tipo e información falsa. Por lo que usted ha dicho, entiendo que esto efectivamente fue así.
Adrian Salbuchi: Por desgracia, sí! Pero esto fue a causa de una combinación muy triste de gobernantes cobardes, instituciones republicanas débiles - especialmente el poder judicial argentino – aunado a una prensa cómplice que de forma sistemática apoya el mensaje sionista y les ayuda a difundir sus problemas al mejor “estilo del Holocausto”, a fin de generar simpatía a su favor entre la opinión pública. Esto es tan cierto en la Argentina, como en la mayoría de los países occidentales.
Hoy, bajo el gobierno del Matrimonio Kirchner, las presiones sionistas han logrado deformar la política exterior de la Argentina. Tan es así que los Kirchner han acusado formal y falsamente al ex-presidente iraní Alí Rafsanjani y a siete miembros clave de su gabinete - que incluye a Ahmad Vahidi, actual ministro de defensa del presidente Ahmadinejad - de haber financiado y planificado el ataque a la AMIA a través de Hezboláh.
Todas estas acusaciones se basan exclusivamente en inteligencia descaradamente falsa proporcionada por la CIA y el Mossad. ¿Alguien puede creer realmente que estos dos servicios de inteligencia extranjeros sean imparciales y objetivos en este tema que involucra a Israel e Irán? Toda esta situación es una burda farsa.
James Fetzer: Adrian, ¿por qué razón se generaron «historias oficiales» tan improbables en absoluto? Mi impresión es que se permitió a la política influir sobre la imparcialidad de investigaciones – en verdad las estaba dominando.
Adrian Salbuchi: Hace más de quince años que los tribunales argentinos vienen buscando pruebas de una supuesta "conexión Irán - Siria - Hezboláh", que nunca han sido halladas, por la sencilla pero poderosa razón de que tal coche bomba nunca existió.
Sin embargo, ambos ataques terroristas cobran una dimensión mucho más clara y lógica cuando se los inserta dentro de la lógica, ya no de una inexistente y burda "conexión iraní", sino más bien de una mucho más concreta "conexión israelí".
¿Por qué digo esto? Bueno, echemos un vistazo a lo que estaba ocurriendo en Israel en los años 90, cuando estos ataques tuvieron lugar. En 1991, comenzó la Conferencia de Paz de Madrid. En Israel, el Partido Laborista tenía claramente mayor popularidad y poder, especialmente cuando el general Yitzhak Rabin ganó las elecciones a primer ministro en junio de 1992. Rabin parecía estar intentando honestamente llegar a algún acuerdo mutuo con los palestinos, lo que habría requerido la detención y el desmantelamiento de buena parte de los asentamientos ilegales establecidos por la ultra-derecha fundamentalista fanática de sionistas nazis que sostienen que cualquier persona que ceda siquiera un centímetro de "sagrada tierra de Israel", es un traidor.
Rabin y su grupo de trabajo trató de seguir adelante con el proceso de paz y, en septiembre de 1993, lo vimos a Rabin, aunque a regañadientes, estrecharle la mano a Yasser Arafat bajo la mirada atenta de Bill Clinton en los jardines de la Casa Blanca. Seguidamente, Rabín llegó a principios de acuerdo con Siria para lograr la paz definitiva sobre las Alturas del Golán, y también con Jordania. Rabin permitió que Arafat regresara a Palestina tras 27 años de exilio, lo cual tuvo lugar a principios de julio de 1994.

Baruch Goldstein.

Lo más moderado que puede decirse es que los ultra-sionistas de derecha se volvieron locos. En febrero de ese año, un judío neoyorquino de nombre Baruch Goldstein, miembro del grupo fanático Kach, irrumpió en una mezquita en Hebrón y abrió fuego con su ametralladora asesinando a más de 40 musulmanes que se encontraban orando en el lugar.
Resulta muy sospechoso que Goldstein lograra atravesar la seguridad israelí portando una ametralladora, sin dificultad alguna. Goldstein fue muerto en ese acto y desde entonces su tumba en Israel se ha convertido en un lugar de peregrinaje y culto para la ultra-derecha sionista.
Observe, Jim, la secuencia en la que ocurrieron estos eventos, ya que pocos días después, el 14 de julio de 1994, en un momento álgido en el desarrollo de esta lucha interna insidiosa entre los sionistas y dentro del propio Estado de Israel, se produce la voladura del edificio de la AMIA. La conducción de la AMIA de entonces era pro-partido laborista, por lo que ese atentado parece haber sido un claro «disparo de advertencia» de la extrema derecha nazi-sionista contra Rabin y su gobierno laborista, orientado a detener las negociaciones de «paz por territorio» con los palestinos.
Sin embargo, pareciera que el primer ministro Rabin, que era un tipo duro, no «entendió el mensaje». Así que, ¿cuándo llega a su punto culminante toda esta secuencia de luchas internas? Pues, un 4 de noviembre de 1995 - sólo 16 meses después del ataque a la AMIA – cuando el primer ministro Rabin es asesinado al mejor estilo John Kennedy, en las calles de Tel-Aviv, ya no por un neonazi, ni por un fundamentalista islámico, sino por un tal Ygal Amir, un joven estudiante ultra-derechista miembro del movimiento de colonos fanáticos relacionado con el servicio de seguridad interior Shin Beth, que estaba siendo vigorosamente redimensionado por Rabin.
Tras la muerte de Rabin, Shimon Peres quedó como primer ministro durante un tiempo, pero en las siguientes elecciones los laboristas fueron barridos cediendo el poder a la ultra derecha sionista que pudo así instalarlo a Benjamin Netanyahu como primer ministro en 1997. Desde entonces, la ultraderecha ha estado en el poder con Ariel Sharon, Ehud Olmert, y hoy una vez más, Netanyahu.
Estas luchas intestinas entre sionistas, tuvo como uno de sus episodios más sangrientos los bombardeos de la Embajada de Israel y, más tarde, del edificio de la AMIA en la República Argentina, que en aquél momento seguramente era percibida por los sionistas ultra-derechistas como un reducto del laborismo. ¿Por qué Buenos Aires, usted podrá preguntar? Simplemente porque la seguridad pública argentina ha sido desde siempre, y lo sigue siendo hoy, muy débil. Por lo que las operaciones de terror son relativamente más fáciles de llevar a cabo contra objetivos en la Argentina.
Sin embargo, y en forma similar a los atentados del 11 de septiembre, a pesar de que han demostrado una gran capacidad técnica para llevar a cabo este tipo de ataque de “bandera falsa” (casi a la perfección, diría, utilizando bombas, demoliciones controladas, y otros métodos), son sin embargo muy desprolijos al dejar sus huellas en los lugares de los ataques, que luego quedan al descubierto debido a las grandes incoherencias y contradicciones que han resultado imposibles de explicar.
James Fetzer: Me preocupa lo que usted dice respecto de los tribunales y los medios. No solo los tribunales no han sido imparciales, sino que la cobertura brindada por la prensa ha sido cualquier cosa menos “justa y equilibrada”.
Adrian Salbuchi: El problema con la Argentina es que en los últimos cuarenta años nuestro Estado Nacional ha quedado tan erosionado, que ha dejado de ser una institución soberana, para convertirse en una entelequia que se asemeja más y más a una mera Administración Colonial. Ahora, ¿cómo se puede esperar de una nación totalmente dependiente como la Argentina, pueda tener un "poder judicial independiente"? ¡De ninguna manera!
Nuestro poder judicial está al servicio de aquellas personas que realmente controlan y dirigen a nuestro país, donde una red de poder global de think tanks (bancos de cerebro), ONG’s, y grupos de presión siempre tienen la última palabra.
Esta red no sólo incluye a entidades como el Consejo de Relaciones Exteriores (CFR – Council on Foreign Relations de EEUU), la Comisión Trilateral, la Conferencia Bilderberg, y Chatham House, sino que también la integran el Consejo Judío Mundial, AIPAC, la logia masónica B’nai B’rith, la Organización Mundial Sionista, la ADL, y el Congreso Judío Nortemericano, entre muchas otras. ¡Es esta red de poder la que realmente manda y le tuerce el brazo a nuestro gobierno!
Hace un par de años, el profesor de la Universidad de Harvard Stephen Walt y profesor de la Universidad de Chicago John Mearsheimer publicaron un libro fundamental titulado "El lobby Israelí y la política exterior de EE.UU.", en el que demuestran de manera sólida y consistente la manera en que las organizaciones sionistas controlan la política exterior de EEUU en Oriente Medio. Su trabajo ha sido ampliamente admirado en el extranjero, pero ha recibido escasa atención en los propios Estados Unidos.
Si esta red de poder ha logrado tanta influencia sobre los EE.UU., ¿se puede imaginar lo que podrá hacer e un país débil como la República Argentina? Naturalmente, los planes y propuestas emanados de esta red mundial de los bancos de cerebros son convenientemente avalados, apoyados y divulgados de la manera más conveniente por los medios de comunicación globales. Ellos son los que deciden quienes aparecerán como "buenos" y quienes como "malos" en las pantallas y páginas de CNN, Fox News, The New York Times, Washington Post, Financial Times, y así sucesivamente. Más aún, ellos son quienes deciden qué es y qué no es noticia!
James Fetzer: Estos dos casos ocurrieron bajo el gobierno del presidente Carlos Menem. Desde entonces varios presidentes vinieron y se fueron. En los últimos seis años y medio, su país ha sido gobernado por el matrimonio Kirchner (Nestor y Cristina). ¿Cómo han estado manejando este caso?
Adrian Salbuchi: De una manera espantosa! Antes de dejar de ser formalmente presidente, Néstor Kirchner prácticamente impuso al país a su esposa, Cristina, como su sucesora en el cargo de presidente. Previamente, Cristina había sido legisladora e integró la comisión en el Congreso que investigó el ataque a la AMIA. Parece ser que en aquellos tiempos la senadora Kirchner forjó una relación muy estrecha con las organizaciones sionistas.

La presidenta Cristina Kirchner en una reunión con grupos sionistas.
Un año antes que cambiaran de lugar entre ellos, el entonces presidente Néstor Kirchner, su esposa Cristina y el ministro de Relaciones Exteriores (entonces y ahora), Jorge Taiana, participaron de una reunión secreta en el Hotel Waldorf-Astoria de Nueva York el 21 de septiembre de 2006, junto a ocho de las más importantes organizaciones prosionistas y pro-Israel, que incluyó al Congreso Judío Norteamericano, la B’nai B’rith, ADL y otros.

Nadie sabe de qué hablaron porque, como digo, fue una reunión secreta. Sin embargo, un mes después, los Kirchner despacharon al fiscal especial Alberto Nisman a los EE.UU., quien se reunió con agentes de la CIA y del Mossad y, a su regreso, Nisman lanzó una acusación formal contra el ex-gobierno iraní de Ali Rafsanjani. El actual juez en este caso, Dr. Rodolfo Canicoba Corral, inmediatamente avaló y apoyó las acusaciones.
Esta fue noticia de primera plana en los diarios e inspiró al rabino Israel Singer, director político del Congreso Judío Mundial, a «felicitar al gobierno argentino», por formalizar «la denuncia contra Irán», ya que ello «confirmó el compromiso asumido por los Kirchner en aquella reunión secreta».
¿Compromiso? ¿Para hacer qué? ¿Por qué? ¿A cambio de qué? [1] Yo, personalmente escribí cartas abiertas a los Kirchner pidiendo una respuesta a estos interrogantes. Por supuesto, los Kirchner ni siquiera acusan recibo a cartas enviadas por ciudadanos "comunes” como yo. Así es "la Argentina democrática" que hoy tenemos… Un país dónde un presidente puede cometer toda clase de irregularidades y hacer pactos espurios con agentes de potencias extranjeras a plena luz del día, y no hay nada que el "ciudadano común" puede hacer para detenerlos…
James Fetzer: ¿Han estado ejerciendo presiones masivas los grupos de lobbyistas sionistas en la Argentina?
Adrian Salbuchi: Desde luego que sí. Tienen un poder decisivo, no sólo sobre la política exterior como vemos en el caso de la AMIA, sino también sobre nuestros medios de comunicación, banca, gobierno, universidades, ONG’s, y la vida cultural y social. Sin embargo, fuentes oficiales indican que la cantidad de judíos que viven en Argentina sería de apenas 200.000 – o sea, sólo el 0,5% de nuestra población de 40 millones de personas.
Ello obliga a concluir que o bien los judíos conforman un grupo étnico cualitativamente superior, lo que explicaría que estén tan sobre-representados en la vida social de la Argentina, o tal vez - sólo tal vez - estén abusando de su bien conocida riqueza económica y el poderoso apoyo internacional que reciben de las organizaciones sionistas y del poder global de la red a la que me he referido, que siempre se ajusta a los objetivos y los intereses sionistas.
James Fetzer: ¿Cuáles son los intereses políticos locales e internacionales que vienen chocando respecto de estos dos casos desde que tuvieran lugar?
Adrian Salbuchi: Creo que hay que ver todo esto como parte de la prédica de los halcones israelíes y estadounidenses que en los últimos años han tomado descaradamente a Irán como blanco de ataque, donde todos los días oímos nuevas amenazas de ataque militar unilateral contra esa nación pacífica, que, por cierto, jamás ha atacado ni invadido a ningún otro país en tiempos modernos. Algo que apenas pueda decirse de EE.UU. e Israel - a pesar de que John Kennedy alguna vez afirmara que EE.UU. jamás atacaría a otro país. [2]

Irán no sólo no ha atacado a ninguna otra nación, sino que todo lo contrario ha sido atacada reiteradamente por “Occidente”. Por ejemplo, en 1941, Churchill y Stalin invadieron lo que entonces era Persia para tomar su petróleo, necesario para librar su guerra contra Hitler.
En 1953, el presidente iraní democráticamente elegido, Mahmoud Mossadegh, fue derrocado por un golpe de Estado orquestado por la CIA, luego que nacionalizara las empresas petroleras extranjeras. Y, cuando en 1979 Irán finalmente se deshace del régimen pro-empresas petroleras de EEUUJ y Gran Bretaña bajo el Shah Pahlevi, los EE.UU. arman inmediatamente al "bueno" de entonces - que era Saddam Hussein - con armas de destrucción masiva químicas, para que Irak pudiera lanzar una guerra brutal y genocida contra Irán durante 8 largos años, en la década de los 80. Es todo un récord!
James Fetzer: ¿Cuál ha sido la reacción de la comunidad judía en la Argentina a estos dos supuestos ataques, que han sido atribuidos a Irán?
Adrian Salbuchi: Los judíos sionistas locales - y muchos sionistas no-judíos también – se vienen manifestando histéricamente a favor de Israel, en contra de Irán y anti-musulmanes. Lamentablemente, aunque hay una parte sustancial de judíos anti-sionistas o no-sionistas en la Argentina, pareciera que no se atreven a abrir la boca puesto que saben que, si lo hacen, los grupos de presión sionista locales - con la AMIA y la DAIA a la cabeza - inmediatamente los marcarán como «malos judíos».
Hemos estado pidiéndole a la parte sana de la comunidad judía local, que se ponga de pie y asuma una posición contraria a la prédica de la AMIA, la DAIA y la Embajada de Israel. Que les espeten a estas entidades que no tienen derecho legítimo a decir que "hablan en nombre de todos los judíos en la Argentina". Insistimos en que deben hablar, y hacerlo por sí mismos, como una forma de auto-preservación. Sin embargo pareciera que las cadenas mentales y sus miedos resultan demasiado fuertes de romper. Consecuentemente, no mucho puede esperarse de este segmento de la comunidad.

Manifestación contra la visita de Avigdor Lieberman a la Argentina (Buenos Aires, 23 de julio de 2009).
James Fetzer: Cuando nos preguntan: «¿Quién se beneficia?», No es Irán, sino otra nación en el Oriente Medio que tiene un importante arsenal nuclear, pero que nunca ha sido cuestionada por la ONU. ¿Por qué es eso?
Adrian Salbuchi: Efectivamente, es así. Todos estos acontecimientos con sus mentiras, distracciones, confusiones adrede, orientaciones equívocas y giros errados parecieran tener un único beneficiario: el Estado de Israel. Siempre ha sido así, y ello es totalmente injusto hacia la Argentina donde todos los grupos étnicos y las razas que vinieron a nuestras costas conviven pacíficamente. Es evidente que necesitamos identificar con mejor precisión a las manzanas podridas entre nosotros.
James Fetzer: Estos eventos me parece que han sido organizados con el objeto de socavar la cooperación técnica y científica entre la Argentina e Irán en relación con el desarrollo de la energía atómica pacífica. Irán nunca podría haber cometido estos ataques en Argentina, ya que ello habría sido contrario a sus propios intereses. Israel me parece sería culpable. ¿Estoy en lo cierto en ello?
Adrian Salbuchi: Entiendo que sí. De hecho, la Argentina siempre estuvo a la vanguardia en nuestra región en la investigación y desarrollo de tecnologías nucleares. Todo esto se remonta a las acertadas políticas impulsadas por el ex-presidente Juan Domingo Perón quien, más allá de circunstanciales errores, siempre abogó a favor del Interés Nacional Argentino. Tan pronto como Carlos Menem llegó al poder en 1989, se inclinó ante la presión de George Bush padre y detuvo el acuerdo de cooperación nuclear que Argentina mantenía en materia de tecnología nuclear con la República Islámica de Irá.
Mientras tanto, los iraníes parecen haber sido capaces de sustituir esto con tecnología china, rusa y hasta alemana, de modo que el verdadero perdedor fue la Argentina, que perdió a un socio comercial leal y a un aliado estratégico que tenía en Irán. El encubrimiento inventado por la CIA, el Mossad israelí, la AMIA, la DAIA, los Kirchner y otros, pretende que creamos que el presidente Rafsanjani planeó el ataque a la AMIA en venganza porque la Argentina interrumpió el acuerdo de cooperación nuclear. Todo lo que puedo decirle es que eso es un montón de basura!
James Fetzer: ¿Qué similitudes encuentra usted con otros ataques en los EE.UU. del 11 de septiembre 2001, en Londres el 7 de julio de 2005 y en Madrid el 11 de marzo de 2006?
Adrian Salbuchi: Bueno, todos parecen tener la misma "huella digital", por así decirlo. Como he dicho anteriormente:
 Estos eventos de bandera falsa todos tenían una casi perfecta realización técnica. O sea, los edificios que se quería destruir y colapsar, lo hicieron, lo que refleja una capacidad tecnológica y planificadora enorme;
 Pero todos dejaron "cabos sueltos" que resultaron imposibles de explicar de manera convincente, con lo que sus mentiras terminaron quedando burdamente develadas;
 Todos tuvieron episodios de pruebas plantadas artificialmente;
 Siempre murió “gente común” – o sea, trabajadores y empleados - mientras que los “altos mandos” - embajadores, directores generales, gobernadores, y multimillonarios – siempre parecen tener la “suerte” de estar fuera de los edificios en el momento oportuno, y,
 Por último, todos ellos servían para apoyar la "guerra global contra el terrorismo islámico".
En síntesis, todos ellos se alinearon a la perfección con las necesidades circunstanciales de Israel y sus objetivos: todos tuvieron la cobertura mediática «correcta» y las explicaciones y justificaciones "políticamente correcta" que luego son repetidas hasta la saciedad. Yo considero que los atentados a la AMIA y la Embajada de Israel pertenecen a la misma liga que los atentados de bandera falsa del 11 de septiembre, 7 de julio y 11 de marzo en Nueva York/Washington, Londres y Madrid, respectivamente [3]
James Fetzer: ¿Cómo se insertan estos dos ataques en una más amplia estrategia global por parte del poder sionista?
Adrian Salbuchi: Como ya lo he mencionado, los grupos de presión sionistas, otros grupos de poder y ciertas ONG forman parte de una red sumamente compleja e intrincada de una Red Global de Poder Privado que es discreta – mas no secreta - que parece haber estado dirigiendo el mundo en las últimas 6 o 7 décadas.
Me estoy refiriendo a quienes integran el CFR (Council on Foreign Relations), la Comisión Trilateral, el grupo Bilderberg, AIPAC, y el Congreso Mundial Judío, entre muchos otros, que incluye también a la AMIA y la DAIA en la Argentina. Es esta red de poder la que lleva a cabo la planificación a largo plazo para la elite del Nuevo Orden Mundial.
Vea usted el caso del CFR, por ejemplo: se trata de unos 4500 miembros de gente muy inteligente, especializada en una amplia gama de profesiones, todos dirigidos por un grupo compacto de la personalidades verdaderamente poderosas - los Rockefeller, Bush, Harriman, Schiff, Clinton, Warburg, Greenspan, Goldman Sachs, Forbes, Rothschild, Wolfowitz, y muchos, muchos otros.
La función del CFR consiste en ser un semillero que proporciona operadores clave y jóvenes prometedores para que integran los directorios y las gerencias como ejecutivos en las principales corporaciones estadounidenses (las S&P 1000) como directores generales y otros puestos clave. Pero también dirigen los principales bancos, y siempre dirigen los organismos multilaterales como el FMI, el Banco Mundial y la OMC, como así también el Banco de la Reserva Federal.

Cuando digo que ellos dirigen estas organizaciones, quiero decir que siempre hay algún miembro del CFR o la Trilateral a la cabeza de la organización y a cargo de sus áreas clave. Lo mismo ocurre en el ámbito de los medios de comunicación. Y también determinan los paradigmas «políticamente correctos» en la vida académica (a través de planes de estudio y en los trabajos de sus principales académicos en las más influyentes universidades).
Y, quizás, lo más importante de todo, miembros del CFR/Trilateral se encuentran sistemáticamente a cargo de los principales puestos del gobierno estadounidense en el ejecutivo, los Departamentos de Estado, Tesoro, Defensa, en la CIA, el FBI, la NSA, las embajadas clave, la justicia y en los puestos relevantes en el Congreso – independientemente de si son formalmente republicanos o demócratas. Por encima de todo, claramente rige la Red de Poder Global Privada.
James Fetzer: Esa es una acusación de gran alcance. ¿Podría explicar el razonamiento que la sustenta?
Adrian Salbuchi: Permítame explicarle esto de otra manera con una metáfora. A mi me gusta la música clásica, y cuando uno, por ejemplo, concurre al teatro para oír la Novena Sinfonía «Coral» de Beethoven, ¿qué vemos? Más de 100 músicos, 4 cantantes solistas, y otros 100 cantantes del coro sobre el escenario. Todos están listos para producir los sonidos correctos y la música compuesta por Beethoven. Sin embargo, antes de poder empezar, aparece un hombre en escena quién saluda brevemente, luego se pone de espalda a la audiencia y, con su batuta, hace que la magia de Beethoven pueda comenzar (...).
Este señor que se para en medio de la fosa de la orquesta es el director y él es quien puede oír exactamente cómo suenan todos y cada uno de los instrumentos y cantantes. Él es quién debe asegurarse que todo suene bien – de la manera cómo Beethoven quería que sonara. Y, ocurre a veces que los bronces tocan demasiado fuertes o los violines demasiado bajo, o algún cantante se pierde. Es entonces que el director de orquesta – pues de él se trata – debe asegurarse que los primeros violines, segundos violines, violas, violon-cellos, contrabajos, maderas, bronces, percusión, solistas y coro, hagan cada uno "lo suyo" en el momento justo, con el volumen adecuado, y todo en perfecta armonía.
Pero el director no hace las cosas a su antojo - ¡no, señor!. Él lleva todo a cabo según instrucciones precisas anotadas en un trozo de papel que contiene la partitura de la sinfonía de Beethoven, con instrucciones muy precisas en cuanto a ritmo, volumen, sentimiento, etc. En otras palabras, el conductor dirige exactamente lo que un hombre que murió en 1827 – Ludwig van Beethoven - quería que dirigiera (...).
Creo que esta metáfora ayuda a comprender mejor cómo funciona realmente el actual orden mundial: la contrapartida de cada grupo de instrumentos y cantantes son las corporaciones, los bancos, las agencias multilaterales, las organizaciones, los medios de comunicación, los puestos de gobierno, jefes militares, y así sucesivamente, que son quienes realmente manejan el mundo. El director de la orquesta sería aquí la compacta red de poder global de los think tanks, lobbies y grupos de presión. La partitura musical sería el plan a largo plazo que vienen impulsando los verdaderamente poderosos que dirigen este mundo desde hace largo tiempo.
Es una verdadera vergüenza, sin embargo, que en lugar de producir la belleza como lo hacen los músicos en mi metáfora beethoveniana, hayan creado un mundo monstruoso basado sobre la violencia, la injusticia, la codicia, la guerra, sangre, sudor y lágrimas!
James Fetzer: ¿Qué piensa la opinión pública argentina en la actualidad acerca de todo esto?
Adrian Salbuchi: ¡Poco o nada! Casi nadie entiende cómo funciona realmente el mundo! Y no sólo aquí. Lo mismo ocurre en los EE.UU., Europa y en casi todas partes. Por eso es tan importante despertar a la gente a esta realidad, incluso si tenemos que hacerlo uno por uno.
James Fetzer: ¿Cuál sería el lugar que le toca a la Argentina en el esquema del «Nuevo Orden Mundial»?
Adrian Salbuchi: Ah, se nos ha asignado un rol de proveedores de materias primas baratas - energía, minería, alimentos y agua – con algunos roles gerenciales locales para quienes deban administrar esta Argentina proveedora de materias primas y riquezas a favor del modelo de Nuevo Orden Mundial. O sea, siempre habrá lugar para una compacta y bien paga clase local gerenciadora.
Por ello, la Argentina ha sido mantenida artificialmente despoblada desde siempre. Hoy, tenemos el octavo mayor territorio del mundo, y sin embargo, nuestra población es de tan sólo 40 millones de personas. Deberíamos ser 140 a 240 millones!
Peor aún, el 80% de la población se encuentra hacinada en un puñado de mega-ciudades: Buenos Aires, Córdoba, Rosario, Tucumán. Especialmente la parte sur de la Argentina – la Patagonia con sus casi infinito recursos petrolíferos, de minería y de agua potable – se encuentra casi deshabitada.

Las riquezas acuíferas de la Patagonia.
Los sionistas han puesto los ojos sobre la Patagonia - tanto en la parte argentina, chilena - desde hace ya muchos años, ya que probablemente sigan manteniendo el viejo plan de crear allí un segundo Estado judío. El fundador del sionismo, el Dr. Theodor Herzl, menciona esto en su libro "Un Estado judío", publicado en 1896, que dio inicio al movimiento sionista. El título de uno de sus capítulos lo dice todo: se llama "¿Palestina o Argentina?" Dejo el resto librado a su imaginación.
James Fetzer: Usted ha esbozado un plan para la dominación global económica y militar. Estoy en lo cierto? y, en caso afirmativo, ¿qué podemos hacer al respecto? ¿A dónde vamos desde aquí?

Adrian Salbuchi: Si. Están decididos a crear formalmente un Gobierno Mundial que sustituirá a la actual Globalización. La globalización tiene todas las apariencias de un gobierno mundial, sin embargo, es aún informal.
«Los eventos por venir nos proyectan sus sombras hacia delante», decía el dramaturgo alemán Johann Goethe alguna vez. Hacerse una idea de lo que se viene, es en cierta manera como cuando tratamos de armar un rompecabezas, donde a medida que vamos uniendo las piezas, empieza a aparecer una imagen determinada.
Ahora bien, si cuando estamos haciendo esto se nos aparece una parte del cuadro que muestra la proa de un barco, no hay que ser ningún genio para darse cuenta que lo que nos falta es hallar las piezas que forman la proa de ese mismo barco. No buscaremos armar un tren o un caballo. Y toda pieza de color azul las moveremos hacia arriba pues probablemente formen partes del cielo y toda pieza de color verde la moveremos hacia abajo pues probablemente formen el pasto del suelo.
A medida que vamos haciendo esto, la imagen se hará cada vez más claro. Usted no necesita armar mas que el 60% de las piezas para tener una idea de toda la imagen. Se trata del arte de usar el sentido común y la intuición para deducir las partes de la imagen que aún falta completar. Pues lo mismo ocurre cuando pretendemos desentrañar y comprender cómo funciona este Nuevo Orden Mundial: no es necesario tener todas las piezas colocadas en su lugar para entender cómo es toda la imagen. Basado en esto, yo digo que lo que se viene será un Gobierno Mundial FORMAL público, dependiente de instancias superiores privadas.
Me imagino que tendrá varios centros especializados clave: Nueva York (como Capital Financiera del Mundo), Washington DC (como capital administrativa militar de una fuerza armada mundial), Londres (como la capital política, el «cerebro del mundo» lo llamo yo, y Londres siempre lo ha sido), Roma (o más bien, el Vaticano, como la «Centro Ecuménico Religioso Global», lo que explicaría por qué muchos clérigos decadentes seguidores de Joseph Ratzinger se muestran tan ansiosos de integrarse de manera «políticamente correcta» dentro del Nuevo Orden Mundial), y finalmente Jerusalén será la «Capital Espiritual» del mundo, donde los sionistas pretenden que el Globierno Mundial realice su sueño milenario de entronizar al «Rey del Mundo».
Hay muchos fanáticos fundamentalistas que quisieran que esta “profecía” se torne en «realidad», y hace que muchos cristianos sionistas en los EE.UU. lo enlacen con la «Segunda Venida». «La prueba» de ello, dicen, es el retorno de los judíos a Israel. Ahora, les falta (re)construir el Tercer Templo de Salomón. El problema es que la Mezquita de la Roca, uno de los santuarios más importante del Islam, se encuentra sobre ese sitio.
¿Me pregunto si no habrá otra oportuna bomba en camino hacia esos lugares?
James Fetzer: Adrian, no puedo agradecerle lo suficiente por venir al show para hablar de estos acontecimientos, que, en mi opinión, arrojan luz sobre una serie de eventos relacionados en los Estados Unidos y otros países. Debemos entender que debemos mantenernos libres de la manipulación por parte de fuerzas que pretenden controlarnos.
Para más datos sobre las investigaciones de Adrian Salbuchi, visite sus sitios web en www.asalbuchi.com.ar y www.eltraductorradial.com.ar. Para aquellos que quieran ponerse en contacto directo, su correo electrónico es salbuchi@fibertel.com.ar.

Red Voltaire.

El control del petroleo


"El mundo se divide en tres categorías de personas: un pequeñísimo número que hace producir los acontecimientos; un grupo un poco más importante que vigila su ejecución y asiste a su cumplimiento, y, en fin, una vasta mayoría que jamás sabrá lo que en realidad ha acontecido." Nicholas Murray Butler. Miembro del Council on Foreign Relations.


ARTICULO PUBLICADO DURANTE EL GOBIERNO DE GEORGE BUSH EN EEEUU

El petróleo no es precisamente un tema cuyo análisis despierte la pasión de multitudes. Generalmente, se entiende que es un tema para especialistas, demasiado técnico, con aristas muy económicas. Por esta causa, la relativamente poca cantidad de material bibliográfico que surge acerca del mercado energético mundial suele ser desechada aun por el público más ávido de información, debido a la aridez del tema. Quizá, cuando concluya este capítulo, comience a ser muy diferente la visión del lector en esta materia.

      Una cosa de la que no tomamos adecuada conciencia es que la vida entera podría ser analizada desde un punto de vista de transformación de la energía. Cuando comemos, o nos vestimos, o desarrollamos cualquier actividad diaria, no estamos haciendo otra cosa que procesar energía. La inteligencia del hombre ha sido capaz de generar asombros científicos incomparables: se ha llegado a la fórmula y la posible manipulación del genoma humano, hace más de tres décadas se llegó a la Luna, nos podemos comunicar en forma instantánea con alguien en otra parte del planeta prácticamente sin costo, y se puede dar la vuelta al mundo en horas cuando hasta hace un par de siglos demandaba meses. A pesar de todo este  enorme progreso, la energía con la cual nos movemos, y movemos todos los bienes, es básicamente la misma que se usaba hace un siglo y medio, es un recurso no renovable, escaso, contaminante y que ha ocasionado terribles guerras, varias de ellas recientes.

      ¿No ha sido el hombre capaz de crear un sustituto? Dos grandes firmas automotrices están haciendo ensayos preliminares para que el combustible de sus automóviles sea el hidrógeno. De todas maneras, se trata de algo aún muy incierto en el tiempo y con escasa o nula programación estatal en la materia.

      O sea, no hay planes gubernamentales importantes para fomentar que el petróleo sea reemplazado por un recurso energético renovable. A mediados del 2003, tras la guerra con Irak, George W. Bush continúa dilatando la decisión acerca de la licitación entre universidades norteamericanas para estudiar en forma hipotética cómo desarrollar la tecnología del hidrógeno. Por lo tanto, si han sido creados sustitutos de los hidrocarburos fósiles, con buenos resultados, permanecen en el anonimato. No es nada improbable que los enormes intereses que hay detrás del oligopolio mundial petrolero hayan provocado su silenciamiento. Cuando hablamos de monopolio u oligopolio mundial petrolero debemos referirnos ineludiblemente a las empresas derivadas de la antigua Standard Oil, compañía creada luego de la guerra civil norteamericana por el ya mencionado John D. Rockefeller I.

Haciendo un poco de historia:

      Rockefeller, en muy poco tiempo, se transformó en un tácito monopolista de la industria petrolera norteamericana. Llegó a concentrar en sus manos el 95% de la exploración, explotación, distribución y venta minorista de gasolina en EE.UU. Siempre pensó que el negocio petrolero debía estar integrado en forma vertical, o sea, una misma firma debe controlar todas las etapas de producción. Y que la clave del negocio en sí mismo era tener bajo su órbita el proceso de distribución, por lo que llegó a obtener un acuerdo con importantes descuentos con los ferrocarriles que controlaba JP Morgan, acuerdo que resultó a la postre ruinoso para todos sus competidores, a los que uno a uno fue desplazando del mercado, muchas veces mediante la aplicación de métodos semicompulsivos o compulsivos. Ese accionar empresarial, carente de preceptos morales, o de códigos, era común en la decena de empresarios que comenzó a controlar la economía norteamericana tras la muerte de Abraham Lincoln. Se trataba de empresarios profundamente odiados por la población en su conjunto, por lo que ya en aquella época fueron bautizados The Robber Barons (Los Barones Ladrones), expresión que quedó a través de los tiempos, y con la cual aún hoy muchos los recuerdan, a pesar de la acción de una cantidad de biógrafos a sueldo que, con el transcurso de las décadas, la falta de conocimientos reales de historia del pueblo norteamericano y el paso de las generaciones, ahora intentan mostrar un pasado mucho más rosa. Por ejemplo, en su voluminosa biografía de John D. Rockefeller I, el historiador oficial con que hoy cuenta la élite norteamericana, Ron Chernow, titula la biografía de John D. Rockefeller I con el nombre de Titán, y lo representa como un personaje ambivalente. En cuanto a biografías, es necesario mencionar que aquellas que citaban con más detalle algunos de los actos de crueldad y barbarie atribuidos al clan han desaparecido casi por completo del mercado bibliográfico, al punto que han caído en el olvido episodios tales como la masacre de Ludlow, cuando gente propia de Rockefeller en 1913 mató a mujeres y niños por plegarse a una huelga de la Colorado Oiland Fuel, empresa propiedad de esa familia. Incluso las recientes biografías para televisión que realizaron tanto History Channel como PBS muestran a Rockefeller, el primer billonario del mundo, casi como un altruista, un poeta, cuando el saber popular recuerda que sus asesores le recomendaban darle algunas monedas a los niños pobres cuando había fotógrafos cerca, lo que no se le ocurría al propio empresario, cuya máxima ambición en la vida, además de juntar dinero y poder, fue llegar a cumplir 100 años, de lo que estuvo muy cerca, al morir en 1937 a los 98 años de edad.

      El odio popular a los Robber Barons era en aquellas épocas enorme. Se trataba cada vez más de una casta monopolista en sus diferentes actividades, de un verdadero equipo que se ayudaba solidariamente entre sí, cuyos vástagos se casaban entre sí a fin de que no se diseminaran las fortunas familiares. Si bien un siglo antes Adam Smith (imagen) había comenzado a idear la tesis del individualismo como base de la competencia perfecta, quienes detentaban el poder económico en Estados Unidos a fines del siglo XIX constituían en realidad una verdadera corporación. Tan corporativo y concentrado era el poder económico que en 1890 el gobierno norteamericano se vio en la obligación de dictar la llamada "Ley Sherman", legislación antitrust, que tardó 21 años en ser aplicada para el caso del petróleo. Recién en 1911 se ordena la división de la Standard Oil, que pasa así a fracturarse en una serie de empresas más pequeñas estaduales, pero que siguieron durante muchísimo tiempo constituyendo un monopolio en las sombras debido a una conjunción de factores. En primer lugar, el clan Rockefeller recibió un porcentaje de acciones de cada una; en segundo lugar, las particulares condiciones de la Bolsa norteamericana, donde el capital accionario está singularmente atomizado, hacen que con una pequeña fracción del total de las acciones se pueda controlar toda la empresa, sus políticas comerciales y financieras, y hasta el nombramiento de los directores. Los propios bancos relacionados desde fines del siglo XIX con el clan Rockefeller facilitaron que la desmonopolización haya sido sólo un intento vano: una ley presuntamente cumplida, tras la cual hay un monopolio en las sombras. Este proceso se agudiza cuando comienza a proliferar una inmensa gama de fondos de pensión e inversión, en los que la población norteamericana coloca sus ahorros y los fondos para su jubilación. Estas entidades, muy relacionadas con los bancos, han invertido ingentes cantidades de fondos en comprar aún más acciones de estas empresas. Como estos fondos de inversión y pensión en muchos casos son propiedad de los bancos de la élite norteamericana, o están relacionados con ellos, ésta ha encontrado una "pócima mágica" no sólo para seguir controlando lo que antes eran monopolios dirigidos de manera unipersonal sino para ejercer su dominio sobre muchos otros sectores a los que no hubiera podido acceder si no se hubiera dado esta singular forma de estructura financiera que existe aún hoy en WallStreet. Poseyendo el 5 o 10% de una empresa, y administrando otra parte, aun cuando no sea de fondos propios sino con los ahorros de la gente invertidos en bancos y fondos de pensión e inversión, se puede controlar totalmente un mercado tan estratégico como el energético.

      El caso del clan Rockefeller es quizás el principal emblema, pero no el único. Durante buena parte del siglo XX, el monopolio petrolero anglo norteamericano fue rebautizado como "The Seven Sisters" (Las Siete Hermanas). Pero el proceso de gran concentración del capital vivido en la década del 90 ha hecho que se dejaran de guardar las apariencias y las empresas petroleras volvieran a fusionarse. De seguir a este ritmo, ya poco faltaría para volver a la primitiva Standard Oil. En efecto, la familia Rockefeller controla los conglomerados petrolíferas Exxon Mobil, Chevron Gulf Texaco y Amoco British Petroleum. También le corresponde, por ejemplo, y entre muchos otros intereses petrolíferos en el resto del mundo, una proporción muy importante en el petróleo que Repsol posee en la Argentina dado que Aznar vendió en 1997 acciones de Repsol en la Bolsa de Madrid y fueron compradas nada menos que por el Chase Manhattan Bank. (1) Este banco, también controlado por la familia Rockefeller, adquirió recientemente al JP Morgan, al Chemical Bank y al Manufacturers Hannover. Desde hace tiempo, la misma familia también controla al Citibank e influye decisivamente en el Bank of America. En realidad, hay una gama de negocios que sigue oligopolizada en las sombras en Estados Unidos, a pesar de la legislación en la materia. Es necesario volver a remarcar que el capitalismo en su versión norteamericana produjo un enorme auge de cotizaciones en la Bolsa de todo tipo de empresas. Con una muy pequeña proporción del capital accionario de ellas y de los fondos de inversión o pensión que luego invierten una enorme parte de lo que recaudan en las mismas acciones cotizantes, una pequeña élite influye decisivamente en las políticas de las mega empresas de esos sectores. Ello ocurre más visiblemente en los negocios de banca y finanzas, petróleo y energía, laboratorios y salud, educación y universidades.

(1) Algo similar ocurrió con Telefónica de España. Las acciones vendidas en la Bolsa de Madrid por el Estado Español fueron compradas en forma mayoritaria por bancos estadounidenses muy relacionados con el dan que controla el petróleo norteamericano.

      Todas estas ramas de la producción están relacionadas entre sí a través de los clanes elitistas controlantes de los sectores en bloque. No se trata de un esquema cerrado en sí mismo sino con derivados a otros sectores de la actividad como, por ejemplo, la industria de armamentos. Debe tenerse en cuenta que en el oligopolio mundial energético también tiene una vital influencia la empresa Royal Dutch Shell, en parte propiedad de las coronas británica y holandesa, y financiada en buena medida por la familia Rothschild (imagen: iniciador de la dinastía Rothschild) , antigua financista europea de varias coronas reales, sobre todo a la hora de financiar guerras. Se caracterizaba por auxiliar financieramente a la vez, a los dos bandos.

      Según abundante información, esta misma familia también es la prestamista original de los Rockefeller y de todo el desarrollo petrolífero, ferroviario y bancario en Estados Unidos, a través de las familias Morgan (banca y ferrocarriles), Harriman (ferrocarriles y altas finanzas) y Rockefeller (petróleo y banca). Los ferrocarriles no eran un negocio de transporte más en el siglo XIX. No había transporte aéreo, no existía el transporte de carga por carreteras, no había red de autopistas. Tan sólo una de las pocas empresas ferroviarias en Estados Unidos rivalizaba con el propio gobierno federal en cantidad de obreros empleados. Ello significa que haber controlado cuasi monopólicamente ferrocarriles, petróleo y bancos implicaba controlar el real poder en Estados Unidos. Resulta llamativo, entonces, que la familia Rothschild, en la reciente biografía oficial escrita por Nial Ferguson en dos tomos, en Oxford, intente mostrarse a sí misma como en decadencia desde mediados del siglo XIX, precisamente por no haberse podido instalar como banca en Estados Unidos, y perder el control de la situación cuando Nueva York comienza a rivalizar con Londres como centro financiero mundial. Ello se da de bruces con el control que dicho grupo económico ejercía por medio de la financiación sobre los tres principales negocios de Estados Unidos. Sin embargo, esa voluntad propia de aparecer cada vez más en el anonimato va de la mano con el hecho de que el clan Rothschild sólo presta en la actualidad su apellido a bancos de inversión singularmente pequeños.

Energía y Poder: Controlar la energía es tener el poder. Si nos detenemos a pensar un poco en este punto, se observa que la decisión de ir a Irak e invadirlo contra viento y marea es una decisión estratégica con miras a estar donde está el petróleo, a manejarlo y extraerlo como si fuera propio, y a no depender de la buena voluntad de empresas estatales y líderes nacionales. En suma, a la necesidad de conservar el poder que otorga el tener como propias las escasas fuentes de energía no renovables que hoy resultan fundamentales para la vida humana y, sobre todo, para la vida urbana.

      Si el más importante recurso energético es escaso y no renovable, como el petróleo y el gas, quienes manejen ese bien tienen el poder. Si las principales fuentes de energía se basaran en recursos renovables —y hay que tener en cuenta que toda la materia es fuente potencial de energía—, ningún minúsculo grupo podría tener el poder, porque las decisiones humanas de consumo bien podrían independizarse mucho más de la necesidad de trabajar. O sea, la necesidad de trabajar para vivir en el mundo contemporáneo se debe, en muy buena medida, a que al ser el petróleo un bien escaso, y por lo tanto oneroso, hace mucho más costosos los bienes que consumimos usualmente.

      ¿Cuál es, entonces, a la luz de la guerra en Irak y de la ocupación de Afganistán, la verdadera situación del mercado petrolero? ¿Es el petróleo abundante o escaso?

      ¿Urge su reemplazo o tenemos tiempo? En Internet se puede acceder con facilidad al sitio oficial de la International Energy Agency. Dicho sitio proporciona abundante información. Si bien no hay datos por empresa, si hay datos de producción, consumo, reservas, precios, etc., tanto de petróleo como de gas natural. Las conclusiones más importantes que se pueden extraer son las siguientes:

      Hacia el 2002, quedaban reservas de petróleo compatibles con el consumo actual mundial para 35 años. (Si bien al actual ritmo de producción se podría extraer petróleo durante más de 80 años en Arabia Saudita y durante más de 110 años en Irak, ambos países deberán multiplicar en el muy corto plazo su producción para compensar la extinción de pozos petroleros en Estados Unidos, Inglaterra, Rusia y México. De ahí que haya petróleo en el mundo para sólo 35 años en los niveles actuales de consumo.) Es necesario mencionar que, a esta altura, ya prácticamente todo el planeta ha sido explorado, quedando algunas dudas aún sobre el potencial que podrían tener un sector de la costa de Groenlandia, el Congo y la cuenca del Níger (país al cual el presidente George W. Bush y la CÍA acusaron en su momento de vender uranio a Saddam Hussein, acusación que se comprobó falsa).

      El 70% de todas las reservas mundiales de petróleo se encuentra concentrado en el Golfo Pérsico; Arabia Saudita, Irak, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos e Irán. En el plazo de una década, más del 80% del petróleo mundial estaría en esa región. Otro 10% del petróleo mundial también se encuentra en países musulmanes como Libia, Nigeria e Indonesia. Hoy, el 80% de petróleo del mundo está en manos musulmanas, y ese porcentaje tiende a subir con el paso del tiempo. Dado que el petróleo comenzó a utilizarse como fuente energética en Estados Unidos luego de la Guerra Civil, y en aquella época sólo se lo conocía en forma abundante dentro de Estados Unidos y en Rusia, estratégicamente resultaba no sólo cómodo sino también sumamente viable comenzar a basar la energía en hidrocarburos fósiles. El combustible saudí sólo vio la luz en 1938. Y fue, con el paso de las décadas, que el mundo se llevó la sorpresa de que estaba concentrado mayoritariamente en torno del Golfo Pérsico. Entonces puede comenzar a quedar un poco más claro el porqué de la frecuente propaganda contra países de origen musulmán, dado que el intento de basar la energía del planeta en un recurso escaso, que se encontrara sobre todo en el subsuelo estadounidense, naufragó a medida que se iban secando los pozos petrolíferos de Texas, cosa que comenzó a ocurrir hacia los años '60, y se iban descubriendo cada vez más yacimientos gigantescos en países árabes (lo que terminó de ocurrir en los años '80).

      Muy cerca del techo: Estados Unidos tocó el techo de su producción anual de petróleo en el año 1970, con algo menos de 10 billones de barriles anuales de crudo. Hoy apenas si puede producir 5 billones de barriles por año. Ello, a pesar de que se ha incorporado la un tanto decepcionante —en cuanto a su magnitud— cuenca petrolífera de Alaska al mercado. Todo esto al costo de comenzar a generar un preocupante problema ambiental, y aunque se han desarrollado y aplicado nuevas tecnologías extractivas, las que, por ejemplo, introducen gas a presión en la roca de los yacimientos para virtualmente "secar" las rocas de petróleo y aumentar la posibilidad extractiva de pozos vecinos, incrementando de forma importarte el recupero de la inversión en los pozos. A pesar deque estas cifras indican una realidad energética preocupante al menos dentro de los propios Estados Unidos, el gobierno de George W. Bush muestra una gran lentitud en las tareas preliminares previstas para licitar entre las universidades norteamericanas algunos fondos para el estudio de tecnologías masivas qué reemplacen al petróleo. Esa pereza se contrapone a la enorme rapidez con la cual el mismo gobierno decidió efectuar la licitación de las obras petrolíferas por desarrollarse en Irak, que ganó antes de la propia caída de Bagdad y Basora una filial de la empresa Halliburton (Kellogg), la que fue hasta hace poco dirigida por el propio vicepresidente norteamericano, Dick Cheney. (imagen abajo)

      Desde ese año 1970, cuando Estados Unidos alcanzó el denominado "techo de producción anual", ésta no ha cesado de declinar, como lo indican las cifras antes comentadas. El descenso ha sido particularmente mayor en los años '90 y en el inicio de este siglo, ya que a lo largo de una década cayó casi 20%. Hacia 1950, Estados Unidos producía prácticamente el 100% del petróleo que consumía y era el primer productor mundial. Importaba algo de petróleo, pero también exportaba. Hoy, Estados Unidos no llega a producir 45% del petróleo que consume. Sigue siendo el primer consumidor mundial, con casi un cuarto del consumo de todo el planeta. Se calcula que, al actual ritmo de producción, el petróleo norteamericano se extinguirá en el año 2010. Peor aún es la situación en Inglaterra: los pozos descubiertos en el Mar del Norte, cuya propiedad comparten Inglaterra y Noruega, sobre los que se llegó a pensar en su momento que eran mucho más grandes, han resultado menos abundantes que lo previsto, y se calcula que Inglaterra se quedará sin petróleo aproximadamente en el año 2006. Fuera de los países musulmanes, el petróleo es aún abundante sólo en Venezuela (recordar el intento de golpe contra Chávez efectuado por sectores empresariales muy relacionados con el establishment petrolero de Estados Unidos y la CÍA) y algunas de las ex repúblicas de la URSS. En mucha menor medida en China, Libia y México. Y... en ningún lado más.

      Desde mediados de la próxima década, el petróleo estará entonces tan concentrado en tan pocas manos, y tan escaso resultará en Estados Unidos, que ello puede ayudar a explicar la verdadera naturaleza de las guerras que hemos visto en el siglo XXI. La decisión hasta el momento ha sido no sólo ir tras el petróleo, sino también seguir férreamente con la tecnología de ese combustible. Hemos mencionado que las cifras oficiales indican que hay reservas mundiales para 35 años. Ello puede generar una falsa idea: que hay por lo menos tres décadas de tiempo antes de que se produzca una grave crisis energética; que todo es cuestión de encontrar métodos pacíficos de solución a los conflictos, de manera tal que el comercio de petróleo del Golfo Pérsico a Occidente y Japón se realice en forma fluida evitándose las fricciones que hubo con los talibanes (Afganistán, por su particular enclave, es importante para el paso de gasoductos) y con Irak. De esa manera, si nos guiamos por las cifras oficiales de la International Energy Agency, aún hay cierto tiempo —no mucho, pero tres décadas es un plazo apreciable—, y las tensiones bélicas de inicios de este siglo bien podrían ceder si se diera con la gente indicada para gobernar los países. O sea, si los conflictos entre Estados Unidos y el mundo musulmán los resuelve otra clase dirigente, distinta de la que hoy está sentada en la Casa Blanca y en varios países musulmanes. Si seguimos por esta línea de pensamiento, debemos limitarnos a calcular cuál sería la real magnitud del déficit estructural adicional en las balanzas de pagos de Estados Unidos e Inglaterra, producido por el hecho de tener que importar todo el petróleo que aún producen en su propio territorio, pero nada más que eso. Ello requeriría de un mayor "ajuste de cinturón" de las poblaciones de ambos países, pero nada del otro mundo, nada que no se haya ya visto en el pasado en cuanto a ajuste recesivo. Después de todo, el 55% del petróleo que consume Estados Unidos —que es importado— representa entre 1 y 1, 5% de su PBI, según la cotización del barril. Es decir, el impacto de dejar de producir petróleo, importando el restante 45% que hoy aún produce internamente Estados Unidos, equivaldría a cerca de otro 11,5% de su PBI, si se soluciona el conflicto a través del comercio internacional. Si bien hoy, en pleno 2003, Estados Unidos tiene un muy abultado déficit de balanza de pagos del orden de 5,2% de su PBI, un déficit adicional de 11,5% lo colocaría en las puertas de una recesión más pronunciada que la que ha venido evidenciando desde el año 2000, y quizás en la necesidad de una más apreciable caída del dólar, Pero no se trataría de nada imposible de manejar. A todas estas conclusiones se puede llegar, entonces, si se atan lo suficiente los cabos sueltos a partir de las cifras oficiales de la International Energy Agency.

      Pero lamentablemente estaríamos frente a un espejismo, mucho más grande aún que los que se suelen padecer en los desiertos bajo los cuales se encuentra el petróleo.

      Ocurre que el petróleo no es como el agua o el aire, ni como el dinero. No se puede extraer al ritmo que se desea ni se encuentra en forma uniforme ni es siempre de la misma calidad. Por empezar, en las reservas suelen figurar petróleos especialmente pesados, que suelen ser de mucho más bajo valor energético y caros de procesar, petróleo que aún hoy no se sabe procesar bien por su bajo valor energético y económico. Hay incluso tipos de petróleo que aún hoy no poseen valor económico, y otros ubicados en zonas de muy difícil acceso, cuya explotación seria tan cara que sólo tendría sentido con un precio mundial del crudo compatible con cerca de 80 dólares el barril a valores del presente, actualizados por la tasa de inflación en Estados Unidos, al que se llegó durante la segunda crisis petrolera mundial a raíz del conflicto entre Estados Unidos e Irán en 1979. Esto implica que un porcentaje indeterminado pero apreciable de las cifras oficiales es petróleo que está en las estadísticas pero no en la realidad.

      En segundo lugar, y en forma aún mucho más importante, hay que tener en cuenta que el petróleo no va a empezar a faltar desde el año en que teóricamente se extinga (alrededor del 2035 2040), sino desde cuando se alcance lo que se denomina "techo mundial de producción". El "techo mundial de producción" es la máxima cantidad posible de petróleo que se puede producir en un año y depende de las características geológicas de los pozos, del tipo de crudo, de la tecnología extractiva que se use. etc.,etc. En el mundo, todavía nos encontramos en la fase ascendente de producción mundial del crudo. Medir su disponibilidad por la cantidad de años de reservas existentes implicaría aplicar un cálculo lineal de posibilidades de extracción. O sea, significa pensar que todos los años se puede extraer la misma cantidad y un poco más. La realidad es diferente. Existe primero un período ascendente, de producción año tras año superior, causado por el hecho de que van entrando al circuito productivo más yacimientos que los que se van "secando." Luego se alcanza el "techo mundial de producción", y ésta se estanca cerca de esa cifra durante un período breve de algunos años. Finalmente, comienza un período de producción declinante año tras año, originado por el hecho de que ya no pueden agregarse a la producción nuevos yacimientos al mismo ritmo al cual van saliendo de circulación y agotándose muchos de ellos, ya secos. Hoy el planeta ha ingresado en la última parte de la curva ascendente del ciclo de producción del petróleo. Al "techo mundial de producción" aún no se ha llegado. Cuánto falta para alcanzarlo es un dato clave para la economía del mundo entero. El "techo de producción" sí ha sido alcanzado, por ejemplo, en países como en Estados Unidos. Hemos mencionado que el "techo de producción norteamericano" se tocó en el año 1970, y debe recordarse muy especialmente que en 1973 se produjo una de las dos crisis energéticas mundiales más graves de que se tengan noticias, cuando la historia oficial indica que Arabia Saudita produjo un embargo petrolero a los países occidentales que ayudaron a Israel a ganarla guerra de ese año. En aquellos años '70 eran frecuentes las colas en las estaciones de servicio, el racionamiento de combustibles y la inflación descontrolada en muchos países a consecuencia de las subas de precios de los hidrocarburos evidenciadas en todo el mundo como consecuencia de la desaceleración inevitable que se produjo en la producción de crudo norteamericana, factor que en realidad jugó un papel preponderante en la triplicación de los precios del crudo a inicios de los años '70.

      A partir del momento en que se toque el "techo de producción" mundial, se va a evidenciar una serie consecutiva de bruscas escaseces de petróleo. El mundo habrá alcanzado su máximo ritmo de producción mundial, a partir de cuyo momento, año tras año, habrá cada vez menos petróleo disponible para alimentar a cada vez más habitantes de la Tierra y a economías que pugnarán por seguir creciendo a un ritmo superior al 2% anual, mínimo umbral considerado aceptable, lo que sería inalcanzable para todos los países en forma conjunta en un mundo en el que cada día habría menos petróleo. De esta manera, el planeta se encuentra frente a una disyuntiva que debe solucionarse por alguna de estas tres vías, o una combinación de las mismas, de aquí a cierto tiempo:

  • a) una importante reducción en la tasa decrecimiento demográfica a escala global y presumiblemente una declinación de la cantidad de habitantes en la Tierra;
  • b) una muy profunda recesión a escala global que produzca una reducción apreciable en el nivel de vida de la población global como promedio;
  • c) el abandono gradual pero acelerado de la tecnología del petróleo. En términos económicos, esa serie de crisis internacionales se verificaría mediante subas bruscas e imprevistas en la cotización del petróleo y/o con la aparición de nuevas guerras, que sólo alguien muy ingenuo puede creer que casualmente se sitúen cerca de donde existen grandes yacimientos de hidrocarburos, o en las zonas de su paso. Para dar una idea de la magnitud del problema frente al cual estamos, es necesario mencionar que hoy en día más de 85% de toda la energía mundial proviene de hidrocarburos fósiles. Sólo 7% tiene su origen en la energía hidroeléctrica, y en porcentajes menores aún las demás fuentes. Esto implica que no va a ser posible reemplazar los hidrocarburos fósiles con fuentes energéticas hoy existentes, sino que se deberá generar una tecnología alternativa.
Otro espejismo que suele aparecer comúnmente es el relativo a la posibilidad de utilizar carbón como recurso energético reemplazando al petróleo y al gas natural. El carbón es bastante más abundante que ambos. Estados Unidos posee carbón para 300 años en su actual nivel de consumo. En el mundo, cifras comparables pueden obtenerse para muchos países. Sin embargo, si el consumo de carbón se acelerara para reemplazar al gas y al petróleo, la cantidad de reservas se reduciría dramáticamente. Rifkin calcula que con tan sólo un crecimiento anual de 4% en el consumo anual de carbón, las reservas norteamericanas sólo alcanzarían para 65 años. Además, el carbón posee muchos inconvenientes: no es fácil extraer de él combustibles líquidos, y es muy costoso. Por lo tanto, no es un sustituto apto del petróleo y del gas natural. Adicionalmente, hay que tener en cuenta que el carbón es un hidrocarburo "sucio", muy contaminante, difícil de cargar y transportar.

      Pues bien entonces, lo importante, lo central, es determinar cuál será el año en el que se produzca el "techo mundial de producción". A partir de ese momento, despertaremos del largo sueño que hemos venido viviendo y nos daremos cuenta de que la energía es un bien mucho más escaso que el espejismo de abundancia que hoy nos parece, además de que comenzarán a cobrar otro significado las guerras del siglo XXI. Una buena cantidad de los porqués a brutales episodios hoy incomprensibles para muchos adquirirá su verdadera perspectiva si no comienza a acelerarse el cambio tecnológico, cosa que va precisamente en dirección opuesta a los intereses del oligopolio petrolero mundial. Si se encuentra un recurso energético renovable y barato para reemplazar al petróleo, los enormes pulpos petroleros enfrentarían una extinción muy acelerada.

      El "techo mundial de producción" es, entonces, el dato crucial que es necesario tener en el análisis porque marca el límite entre una producción en alza y una que comienza a ser declinante. La cantidad de años de reservas, que hemos dicho que son 35, parte del supuesto de que se puede producir petróleo en forma constante, y ya hemos explicado que no es así. La determinación de ese año es un cálculo que sólo los geólogos pueden efectuar basándose en sus estudios sobre los pozos en todo el planeta. Los geólogos están divididos entre "optimistas" y "pesimistas". En el caso de lo evidenciado ya en Estados Unidos en 1970, la batalla la ganaron los "pesimistas". Peor aún, triunfó el más pesimista, dado que el consenso hablaba de una imposibilidad de que la producción tocara su techo en 1970, cosa que ocurrió y generó una gran crisis sólo tres años más tarde. En el caso del mundo, los "optimistas" esperan que el "techo mundial de producción" sea alcanzado entre el 2014 y el 2018. En ningún caso esperan que se alcance después del año 2020. Los "pesimistas" esperan que el "techo mundial de producción" se alcance hacia el año 2010 y algunos de ellos esperan que ello ocurra en el 2004.

      Una buena parte de la aparente aceleración que ha tenido la historia en el comienzo de este milenio, con la aparición de sucesos inéditos anteriormente, se debe precisamente a los datos anteriores. Ocurre que en los años '90 comenzó a hacerse evidente que parte de las reservas oficiales de petróleo que quedaban en los estados de la ex URSS y los países árabes en general estaban sobredimensionadas en las estadísticas, probablemente ex profeso, dado que los pozos petrolíferos servían como garantía para préstamos bancarios, lo que en algunos casos motivó una intención de "inflar" artificialmente el contenido de los yacimientos. Es como si hubiéramos subido la ladera de una montaña empinada, en forma esforzada, sólo para caer en la cuenta, una vez en la cima, de que la ladera que habrá que transitar de aquí en más, hacia abajo, es mucho más empinada, y por lo tanto riesgosa, de lo que se pensó.

Mirando para otro lado: A partir de estos cálculos surgen varios interrogantes. El primero de ellos es por qué el gobierno norteamericano no aconseja a su poblador ahorrar el máximo posible de petróleo. Cuando en el año 1973 se produjo la crisis petrolera, en buena medida gestada por las empresas multinacionales estadounidenses y británicas, de la que luego se acusó sólo a los países árabes, el gobierno de Nixon aconsejaba en los medios de comunicación el ahorro de combustibles. Se trataba sólo de una crisis temporaria hasta que técnicamente fluyera mayor cantidad de petróleo del Golfo Pérsico, para reemplazar el que comenzaba a escasear en Estados Unidos y, aunque la solución era sólo una cuestión de tiempo, el gobierno cumplía con el deber de guiar a la población en lo que parecía ser una necesidad perentoria: ahorrar energía.

      Hoy, en cambio, tras la invasión al segundo país con más reservas de petróleo del mundo: Irak, y con el planeta ya muy cerca de su límite de capacidad productiva de petróleo, ninguna voz del gobierno norteamericano se alza para aconsejar el ahorro de energía. Mucho más llamativo resulta esto si se tiene en cuenta que el actual gobierno estadounidense ha sido prácticamente copado por la industria petrolera. El presidente George W. Bush dirigió o formó varias empresas: Arbusto Energy, Bush Energy, Spectrum 7, Harken. Su padre fue cofundador de la polémica empresa Zapata Oil, luego dividida en Zapata Oil y Zapata Offshore(3). La máxima asesora en materia de seguridad del gobierno de Bush, Condoleezza Rice, jefa del National Security Council (NSC), también proviene de la industria petrolera, más específicamente de Chevron.

(3) Zapata Offshore, empresa presuntamente relacionada en forma directa con la operación frustrada de invasión a Cuba de inicios de los '60, conocida como Bahía de los Cochinos, y cuyo nombre de código interno de la CÍA no por casualidad habría sido "Operación Viva Zapata".

      El caso del actual vicepresidente y ex ministro de Defensa del padre de Bush, Dick Cheney, es todavía más llamativo. Durante los '90 dirigió la empresa Halliburton, principal proveedora mundial de insumos al sector petrolero. Hizo jugosos negocios vendiendo abundante material por miles de millones de dólares a Saddam Hussein para que éste se preparara en su afán de triplicar la oferta de crudo iraquí. El problema que luego se suscitó es que Saddam Hussein decidió excluir a las empresas norteamericanas y británicas del proceso de concesión de los pozos iraquíes, basando su estrategia en contratar sobre todo petroleras estatales de Europa continental. Si Saddam hubiese logrado ese objetivo, dado que el petróleo se está agotando en Estados Unidos y en Inglaterra en forma simultánea, la declinación en el volumen de negocios de las petroleras anglosajonas las hubiera condenado a un brutal achique. Habría un mayor dominio del mercado por parte de las empresas estatales de petróleo.

      De todas formas, no puede pensarse que el establishment petrolero norteamericano haya sido tomado por sorpresa por la estrategia de Saddam Hussein, dado que la invasión a Irak comenzó a planearse a más tardar en 1997, a través de un reducido núcleo de intelectuales y hombres de acción del Pentágono, entre los cuales se encuentran Paul Wolfowitz, Richard Perle y otros, junto a Francis Fukuyama. El thinktank se llama "Project for the New American Century". Ese núcleo de gente, que evidentemente no se reunió por casualidad y que representa el ala más fanática del pensamiento conservador norteamericano, es en realidad una especie de desprendimiento del omnipresente pero siempre misterioso y secretivo Council on Foreign Relations (CFR), para algunos el verdadero gobierno en las sombras en Estados Unidos. Esto hace pensar que el establishment petrolero norteamericano le vendía material petrolero a Saddam con objeto de que se fuera construyendo infraestructura a fin de aumentar la producción, al mismo tiempo que planificaba su futuro derrocamiento. Cabe recordar que mientras esto ocurría, los medios de comunicación difundían la noticia de que el jefe de inspectores de armas, en aquel entonces en Irak, Scott Ritter, declaraba que el régimen de Hussein no sólo no tenía armas de destrucción masiva sino que no estaba siquiera en condiciones de generarlas.

      No sólo las guerras en el Golfo Pérsico han sido inducidas por motivos energéticos. La historia política y económica del mundo de los últimos cincuenta años gira en torno a este tema. La bonanza económica y el alto crecimiento de los años '60 se explican por el bajísimo precio del barril de los países árabes (entre 1,5 y 3 dólares por unidad de crudo). Los agudos procesos están flacionarios (recesión con inflación) de los años '70 se debieron al comienzo de la declinación en la producción norteamericana de combustibles, a la escasez de energía —para muchos, como Antony Sutton, creada bastante artificialmente en 1973— y al afán de las grandes empresas petroleras de incrementar sus ganancias, cosa que ocurrió mediante las dos crisis petroleras de los años 1973 y 1979. En este último año, el barril llegó a valer casi 80 dólares a valores actualizados. Los años de "vacas gordas" para las petroleras y "vacas flacas" para la gente fueron generando un problema: los países árabes se fueron enriqueciendo de una manera que algunos en Occidente comenzaban a considerar peligrosa. Los petrodólares empezaban a inundar los mercados financieros. Arabia Saudita se daba el lujo de ser el segundo mayor accionista del Fondo Monetario Internacional, y el Islam amenazaba con transformarse en un polo propio de poder cuyo epicentro bien podría haberse situado en Bagdad, por una confluencia de factores. No debe extrañar, entonces, que durante los años '80, en la era Reagan Bush, el precio del barril declinara a niveles anteriores a la segunda crisis petrolera. Esto produjo durante buena parte de los años '80 y '90 otro periodo de aceptable crecimiento mundial, bajas tasas de inflación y facilitó el progreso de la globalización, al mismo tiempo que quitó al Islam —y sobre todo también a la ex URSS, cuyo principal producto de exportación era el petróleo —4) la posibilidad de constituirse en un polo propio de poder. Claro que el problema es que esto se logró consumiendo petróleo a un ritmo mayor de aquel con que se realizaban nuevos descubrimientos. Todas las crisis energéticas de las cuales el mundo fue testigo se resolvieron de una única manera: aumentando la producción de combustibles fósiles. Esto es lo que ya no será posible desde algún momento de los próximos diez años, cuando se alcance el "techo mundial de producción".

      El gobierno estadounidense no puede desconocer, entonces, la crítica situación del mercado energético, que lo ha llevado incluso a invadir países en forma acelerada. Si sus intenciones son altruistas, no se entiende por qué no existe ya una campaña para el ahorro de combustible hasta encontrar un sustituto del petróleo, sí es que éste no existe ya.

      ¿Un Mundo Feliz?: La energía es, entonces, el principal limitante a la globalización que, por otra parte, el propio establishment norteamericano propugna como remedio para todos los males sociales y económicos del planeta. Los problemas van a ser muy serios: China, que viene creciendo notablemente, incorporando mensualmente millones y millones de trabajadores a su oferta laboral merced a las exportaciones que viene realizando a Occidente, muy probablemente encontrará que no le resultará posible mejorar la calidad de vida de sus habitantes con el ahorro que significa el trabajo acumulado de centenas de millones de chinos, quienes durante años produjeron y vendieron al exterior privándose de consumir.

(4) EE.UU. logró a principios de los años '80, merced a un acuerdo secreto con Arabia Saudita, que dicho país exportar a mayores cantidades de petróleo que las necesarias para el consumo. El objetivo era derrumbar el precio del barril, no sólo para facilitar una reactivación en EE.UU., sino también para dificultar el acceso a las divisas por parte de la URSS, a la cual Reagan Bush querían derrotar definitivamente en la era de la Guerra Fría (cosa que consiguieron sólo unos años más tarde). A cambio de ese exceso de petróleo en el mercado, EE.UU. proveía de armas a Arabia Saudita, preocupada en aquella época por que Irán pudiera derrotar a Irak en la guerra, y amenazar la seguridad saudí.

      La masa de ahorro acumulado en el Banco Central chino, que supera los US$ 350 mil millones, y que sigue creciendo, no podrá destinarse a mejorar la calidad de vida de los habitantes de esa nación porque la restricción energética que se nos viene en forma acelerada comenzará a operar como un serio limitante a la tasa de crecimiento global en poco tiempo más. Una elevación importante del nivel de vida de la población china es sólo una quimera si se continúa con la tecnología del petróleo. Se calcula que, si el gobierno chino decidiera brindara sus habitantes un nivel de vida similar al del americano promedio, el consumo de petróleo mundial aumentaría 50% de un año a otro, con lo que la crisis sería... ayer. Japón, que en recesión ya lleva unos quince años, y con un aumento del desempleo que los cálculos estatales han subestimado, no podría recuperarse demasiado en un horizonte visible y mucho menos de forma sostenida, dado que las presentes condiciones del mercado energético mundial así lo impondrían. Por lo tanto, Japón seguiría en el mediano plazo generando nuevos desempleados, En cuanto a Europa, lejos de pensar en la posibilidad de reducir tasas de desempleo, en algunos casos superiores a 10%, debería conformarse, en el mejor de los casos, con mantener estos niveles y crecer lo que se pueda, sí es que se puede. Frente a este panorama, esa actitud invasiva hacia los países que tienen petróleo, y a la vez despreocupada de reducir los niveles de consumo excesivo, por parte del gobierno que encabeza Bush, puede abrir todo tipo de dudas y presunciones acerca de qué intenciones hay detrás de su accionar y de su discurso, que no van por el mismo carril.

      Es necesario pensar que la serie de crisis que han vívido muchos países en vías de desarrollo en los años '90 —México, sudeste asiático) Corea del Sur, Brasil, Turquía y la Argentina— es, en realidad, funcional a la situación energética mundial y al interés del establishment petrolero anglonorteamericano, debido a que las brutales reducciones evidenciadas en el nivel de vida de estos países tras sus respectivas crisis no generan otra cosa que un menor consumo de energía per cápita y, por lo tanto, facilitan que sea posible continuar con la era de los hidrocarburos fósiles.

      Es de esperar entonces que de aquí en adelante, mientras no haya cambios sustanciales en el manejo del poder en Estados Unidos, no haya ningún apuro por parte del gobierno norteamericano para rescatar países en bancarrota. Más aún, es posible que la élite banquera petrolera intente, a fin de continuar con la tecnología energética que le permite concentrar el poder, resolver el problema induciendo una baja en el consumo de energía per cápita. Ello se lograría, en el caso de países del tercer Mundo, con cada crisis económica o financiera que sobreviene en alguno de sus miembros más importantes. incluso esta baja en el consumo per cápita de energía sería aún mas pronunciada si incluso vastas áreas del Primer Mundo las padecieran (ejemplo, la prolongada crisis económica japonesa), a fin de acomodar la demanda de petróleo al declinante período productivo del mismo que en breve sobrevendría en el planeta.

      Si se lo mira desde esta perspectiva, los supuestos "errores" de apreciación del Fondo Monetario Internacional, que contribuyeron a que se gesten y perduren muchas de las crisis de los últimos años, en realidad no fueron tales, sino que han sido funcionales a esta necesidad de reducir el consumo de energía per cápita, que bajo determinadas condiciones puede convertirse directamente en una necesidad de ir comenzando a reducir la cantidad de "cápitas".

Parte del Capitulo II de Hitler Gano La Guerra de Walter Graziano